Con nocturnidad y alevosía. Enlighten landscapes de Gert Voor in’t Holt.

Hay que imaginar la escena. El fotógrafo y su ayudante caminando en la noche, pertrechados con aparatos de fotografía: trípodes, cámaras, una luz y una batería. Accediendo a pie a ciertas localizaciones (quizá reconocidas previamente a plena luz del día). Lugares situados en los límites borrosos entre ciudad y campo.

En alguno de tales lugares fronterizos debemos imaginar, pues, al fotógrafo y a su ayudante oficiando una particular ceremonia: situar la cámara, abrir el obturador, encender una luz en el paisaje, aguantar unos instantes con el obturador abierto, volverlo a cerrar, observar el resultado. Iluminar el campo en la oscuridad ante la cámara fotográfica, con el propósito de mostrar, en parte al menos, lo que allí se agazapa.

Me interesa, sobre todo, comentar el producto, es decir, las fotografías obtenidas por este procedimiento. La realidad interior a la fotografía más que la escurridiza realidad exterior a la que, por lo general, se refiere aquella. Me interesa comentar, en definitiva, lo que sale en la foto.

Para empezar, la presencia central de ciertos elementos. Formas alargadas, cortinas y discos de luz plana e intensa, que parecen posarse o levitar ligeramente sobre el suelo, con el telón de fondo tridimensional de la noche o del crepúsculo. Recortes practicados a la realidad, zonas veladas y vedadas, fragmentos que se nos hurtan al ojo, desgarros en el fondo de lo real por los que da la impresión que en cualquier momento podría aparecer alguien o salir algo (y también por los que podríamos escapar a otros mundos, nosotros).

La principal dificultad que se le presenta al fotógrafo de nocturnos debe ser abrir la cámara el tiempo estrictamente necesario. Porque por un lado hay que aportar algo de luz a la escena, rasgar las tinieblas. Pero por otro, existe el riesgo de que la fuente de luz ingrese al cuadro y quede sobreexpuesta. Y si se trata de una luz móvil, que dicha luz acabe produciendo figuras. Como es el caso. Todas estas formas un poco intrusas que aparecen en las fotos proceden, en realidad, del accionamiento de un solo elemento (una estrecha barra de luz) en medio del paisaje.

Lo que Gert aspiraba a mostrarnos en este proyecto, siquiera parcialmente, es aquello que se esconde en lo oscuro. Mejor dicho, a mostrar, simultáneamente, la oscuridad y lo que oculta. Empeño sublime. Obviando, a propósito, que la luz necesaria para fotografiar la oscuridad, es la misma que, por lo general, la ahuyenta. Pues la oscuridad tiene, un poco, naturaleza de cucaracha. Tenemos en las imágenes, por un lado, lo que la cámara de Gert produce, más que registra, que son estas formas antes comentadas: siluetas inesperadas, figuras de luz intempestivas. Y por otro, lo que captura: el preciso (y precioso) instante en el que la oscuridad se aparta un poco, se desliza del centro a la periferia, dejando al descubierto lugares que no habían sido fotografiados antes (o nunca) a tales horas.

Para finalizar señalar el hecho de que la misma luz utilizada para revelar lo oculto, nos esté ocultando un personaje clave de la escena. Pues se produce la circunstancia de que el ayudante del fotógrafo, encargado de iluminar, de desplazar o rotar la barra de luz en el paisaje, queda él mismo engullido, desaparecido, tras la cortina de luz que levanta. Está allí pero no sale en la foto.

Enlighted landscapes de Gert Voor in't Holt.

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