Temor y tremor. Estética de la catástrofe en la escultura de Ariana RAC.

La exposición se titula “Del sustantivo tremor del verbo temblar”. Encontramos dos tipos de obras. Por un lado, grandes piezas de chapa de acero. Material de origen industrial sobre el que observamos de inmediato que se han ejercido enormes fuerzas. En el que podemos apreciar, por ejemplo, la acción y el efecto del trabajo operado con unas grandes tenazas hidráulicas, manos de gigante, la huella de cierta potencia sobrehumana de torsión y agarre (o de agarre y torsión). Metal primero moldeado (conformado en la prensa de una fábrica) y luego golpeado y doblado (o doblado y golpeado) por la artista en su taller a cielo abierto (quizá un desguace). Metal también arrugado. No como se arruga un tejido sino como se arruga lo sólido. Pero nunca al punto de perder la chapa totalmente su carácter aéreo, su carácter de material duro pero liviano, resistente a la vez que delgado. A resultas de este proceso obtiene la escultora los retales que precisa para un posterior trabajo de ensamblado, una ulterior construcción de volumen. Proceso casi de patchwork o zurcido (pero con remachadora, en vez de con aguja e hilo) del que resultan al final unos grandes cucuruchos metálicos, piezas de pared o de techo. Trepando por el muro o levitando. En todo caso ascendiendo, adquiriendo la gracia de todo lo que tiene la capacidad, aunque sea efímera, de escapar a la gravedad, de huir del suelo.

En presencia de estas piezas me vienen a la cabeza algunas imágenes. Restos del fuselaje de aviones estrellados. Residuos en la calzada de accidentes de tráfico. Girones de chapa a los lados de las vías tras un choque de trenes. Estética del cataclismo, sensibilidad a los restos plásticos de la colisión, de la catástrofe.

Eso y algo más. Pues la pieza de pared acoge en uno de sus recovecos superiores el peso y a la vez la transparencia de un disco de metacrilato. Y a la pieza que pende del techo, en el escaparate, se le han restañado las heridas o brechas previas. Para ser más precisos se trata de elementos engastados (engastar: encajar o embutir algo en otra cosa). Pequeñas ventanas, resinas coloreadas. El metal ha recibido aquí, por tanto, ciertos añadidos.

Otra de las piezas es la construida con tres filas y ocho columnas de cuadrados de chapa. Chapa plana, en este caso, de acero galvanizado. Y aquí la herramienta empleada tiene que ser necesariamente una herramienta de corte. De extremo a extremo y en diagonal se ha recortado una raja, se ha agrandado o ensanchado una fisura. Y uno se pregunta: ¿en qué pensó antes la artista, en el tajo o en el damero que lo sostiene? ¿Qué fue antes, el tremor o el medio en el que se expresa? Y también la pregunta platónica: ¿qué fue antes, la idea de la forma o la forma surgida de la materia capaz luego de suscitar la idea?

Alternando con estas piezas encontramos otras muy diferentes y más pequeñas. Unas cajas de cobre hechas de placas. Metal recto y pulido, abrillantado. Diminutos contenedores juguetonamente distribuidos en la pared (unos pocos situados demasiado arriba, otros pocos situados demasiado abajo). Pequeños marcos (como descubriremos de inmediato). Ya que incluyen su vidrio protector y su imagen protegida. Algo informe se adivina dentro. En el fondo de cada caja, detrás de una resina contraída y translúcida, se adivina una imagen. Según se nos informa, es el registro fotográfico de una abstracción previa, primeros planos del metal abrasado, de la chapa retorcida por el fuego de cierta fachada. La de una importante fábrica local recientemente siniestrada. En conjunto, otra cosa ya que marcos y fotos. Más bien referencias borrosas y lejanas a imágenes borrosas de hechos traumáticos y próximos. Enfriamientos.

Muy acertada la única pintura de la sala, un mural. Ese garabato decidido, ese dibujo vuelto sobre sí mismo, grafo nervioso como de sismógrafo, que establece un puente entre el interior y el exterior de la galería, y además directamente conectado a otra de las piezas, a la que cita y de la que procede (el damero). Recibiendo y conduciendo al público hacia el interior de la sala, sorteando la carpintería metálica del lugar (mejor dicho, atravesándola).

Destacable, por último, el efecto espejo en los cristales del escaparate. El reflejo multiplicado de las piezas. Como hologramas lanzados desde dentro de la sala hacia la calle. Muy bella la pieza de escaparate en su reflejo lateral. Especialmente a la luz de la noche urbana.

Fotografía de una pieza de Ariana RAC en la exposición Del sustantivo tremor del verbo temblar. Es una pieza de chapa de acero suspendida de la pared.

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